• Reza y ayuda a las Vocaciones


    7 de mayo- Jornada Vocaciones Nativas y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
  • Compromiso con las vocaciones


    Presentación Jornada de Vocaciones Nativas y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
  • Mensaje del Papa


    "Empujados por el Espíritu para la Misión"
  • ¿Qué es Vocaciones Nativas?


    Una jornada de oración y ayuda a las vocaciones en los Territorios de Misión
  • ¿A quién ayuda Vocaciones Nativas?


    A 75.000 seminaristas y 6.500 novicios/as y 2000 formadores en los territorios de misión
  • ¿Cómo colaborar?


    Con un donativo o con una beca misionera para las Vocaciones de los Territorios de Misión
  • Oración Vocacional


    Recursos de oración para la oración diaria en los colegios

5 de mayo de 2017

VOCACIONES NATIVAS 2017 El Espíritu de Dios necesita todos los colores para expresarse bien

El Espíritu de Dios necesita todos los colores para expresarse bien. La Iglesia es católica y se debe ver católica”. Con estas palabras define el secretario general de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, Fernando Domingues, el florecimiento de las vocaciones en territorios de misión.



Como responsable del que puede considerarse el observatorio de las vocaciones en todo el mundo,Domingues no comparte la opinión generalizada de que en la Iglesia hay una crisis vocacional:“La situación de las vocaciones en la Iglesia es muy buena”. Como ejemplo, cita el ejemplo del continente africano, donde hace 150 años no había consagrados, y hoy, “la mayor parte de las iglesias en África están en manos del clero nativo”. El secretario de esta Obra Pontificia añade que“en algunos países no hay problema de vocaciones sino de dinamismo apostólico y misionero de nuestras comunidades” y al recordar la indicación de Pablo VI de que “hay que evangelizar cada nueva generación”, se pregunta si hemos sabido transmitido “fe y alegría a los jóvenes”.

En las iglesias jóvenes se siente ya “el dinamismo misionero”. En uno de sus viajes por los territorios de misión, el propio Domingues escuchó a un grupo de seminaristas keniatas decir: “El Evangelio tiene que viajar por el mundo; el Evangelio que recibimos es nuestra responsabilidad. Somos cristianos y tenemos derecho a colaborar”. “Las semillas plantadas por los misioneros han producido frutos abundantes”. Así lo atestiguan miles de vocaciones nativas surgidas gracias a esa primera evangelización llevada a sus países por los misioneros, como Agapit Gbegnon, un sacerdote de Benín que hace su doctorado en la Facultad San Dámaso de Madrid, y que de niño imitaba “a los misioneros blancos Combonianos y jugaba a celebrar Misa”.

La Obra de San Pedro Apóstol trabaja apoyando a estas vocaciones nativas de los Territorios de Misión, también económicamente; aunque en este aspecto, Domingues tiene las cosas muy claras: “La ayuda es mínima, porque la dependencia hace mal y es contraria a la dignidad del hombre”. En este sentido, varios obispos africanos piden que los seminaristas hagan al menos una parte de la formación en medio de su pueblo. Por ejemplo, los seminaristas de “Providencia Dei”, un Seminario que se encuentra en un ambiente rural en Parakou (Benin), se preparan al sacerdocio continuando con su vida rural, y en el Seminario de Antsirabé, Madagascar, los seminaristas trabajan en la cosecha del arroz, para ayudar a su sostenimiento.

Estas vocaciones son el fruto de la inculturación del Evangelio en los Territorios de Misión, que se ha producido a través de un diálogo paciente entre fe cristiana y cultura local. Como dice Domingues, “el proceso de inculturación debe llevar mucho tiempo; lo inician los misioneros, pero lo deben seguir las comunidades locales”. Este es el modo en el que la Iglesia sigue creciendo en todo el mundo y con Ella, muchas vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. 


Dora Rivas
OMP - Comunicación con los misioneros

28 de abril de 2017

OBRA PONTIFICIA SAN PEDRO APÓSTOL




¿Qué es la Obra de San Pedro Apóstol?


Es una institución de la Iglesia católica para ayudar a las Iglesias más jóvenes en la formación y acompañamiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
La Obra Pontificia de San Pedro Apóstol sostiene a las vocaciones que Dios suscita en las misiones. En los territorios de misión son muchas las vocaciones, pero escasos los recursos para su formación.

Nació en 1889, cuando Estefanía y Juana Bigard (madre e hija) leyeron una carta del obispo francés de Nagasaki, que los cristianos japoneses, por temor a la persecución, tenían miedo de acercarse a los misioneros extranjeros, lo que no ocurriría si los sacerdotes fueran naturales de su mismo país. Las dos laicas francesas comienzan una gran actividad para implicar a la Iglesia en el sostenimiento de las vocaciones en los Territorios de Misión. El Papa Pío XI asumió esta iniciativa privada como suya y de toda la Iglesia, y en 1922 le dio el carácter de “pontificia”.

La Obra de San Pedro Apóstol organiza la Jornada de Vocaciones Nativas para poder sensibilizar y conseguir apoyos para estas vocaciones, que nacen en los Territorios de Misión fruto de la Palabra sembrada por los misioneros y que son el futuro de la Iglesia. Este año se celebrará el próximo 17 de abril.


CUATRO INICIATIVAS MISIONERAS, UNA INSTITUCIÓN 
La Obra de San Pedro Apóstol es una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, institución que trabaja para sostener los Territorios de Misión. Con cada una de las cuatro obras que la conforman, ayuda a diferentes sectores de estas Iglesias jóvenes, que necesitan ayuda para poder subsistir:

Obras Misionales Pontificias
Propagación de la Fe
infancia Misionera
San Pedro Apóstol
Pontificia Unión Misional
Sostiene el funcionamiento ordinario de las diócesis, y sus necesidades extraordinarias
Implica a los niños del mundo en la ayuda a la infancia de las Iglesias jóvenes
Apoya a las vocaciones que surgen en los Territorios de Misión
Fomenta la formación misionera a toda la Iglesia, y vela para que las otras obras funcionen



CARTEL JORNADA VOCACIONES NATIVAS



LEMA

"Empujados por el Espíritu aquí estoy, envíame" es el lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas que se celebrará el 7 de mayo

“Empujados por el Espíritu...” Así titula el papa Francisco su Mensaje para la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es el Espíritu el que mueve los corazones para ir a evangelizar. La dimensión misionera nace de la entraña de la fe. Es Dios mismo quien llama y envía. La vocación no es algo añadido: es fruto del amor de Dios que llama.

“Aquí estoy, envíame” La llamada a una vida de especial consagración o al sacerdocio implica una respuesta de docilidad y confianza. Es el compromiso para dejar a un lado la tranquilidad de una vida más o menos acomodada, y salir al encuentro del otro para llevarle a Dios.



CARTEL JORNADAS

 El IV Domingo de Pascua, domingo “del Buen Pastor”, se celebran dos Jornadas de carácter vocacional, con el fin de promover la oración y la colaboración para que Dios envíe nuevas vocaciones a su Iglesia y para que las vocaciones nacientes en los territorios de misión tengan los recursos necesarios para su formación y sostenimiento.

Fotografías:

La fotografía general, en el ángulo inferior derecho, visibiliza la alegría de quienes han decidido seguir al Maestro. Así nacen las vocaciones: en un ambiente de alegría, oración y comunión. Todos caminan juntos, compartiendo su fe.

Tres fotos de vocaciones: vocación al sacerdocio, para estar cerca del hermano; vocación a la vida consagrada, con un grupo de jóvenes que muestra su alegría después de haber respondido “Aquí estoy, envíame”; y vocaciones nativas, en un lugar de misión, que reflejan esa misma alegría tras descubrir que la vida recobra sentido si se entrega a los demás.

OBJETIVOS
Orar al Dueño de la mies para que siga enviando muchos obreros a su Iglesia.

Fomentar entre los jóvenes algunas disposiciones personales y grupales para que puedan escuchar la llamada de Dios y responder sin dilaciones.

Promover entre los fieles una eficaz colaboración con la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que atiende las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en los territorios de misión.

Obtener fondos y ayudas económicas para el sostenimiento y la formación de estas vocaciones, a través de la financiación de “becas de estudio” y de “estipendios de misa” para formadores y profesores.

27 de abril de 2017

MENSAJE DEL PAPA

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“Empujados por el Espíritu para la misión”


Queridos hermanos y hermanas:

En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a “salir de sí mismo”, para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.
Ahora, con ocasión de la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: “La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 21).
Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor.
Aunque experimentemos en nosotros muchas fragilidades y tal vez podamos sentirnos desanimados, debemos alzar la cabeza a Dios, sin dejarnos aplastar por la sensación de incapacidad o ceder al pesimismo, que nos convierte en espectadores pasivos de una vida cansada y rutinaria. No hay lugar para el temor: es Dios mismo el que viene a purificar nuestros “labios impuros”, haciéndonos idóneos para la misión: “Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame»” (Is 6,7-8).
Todo discípulo misionero siente en su corazón esta voz divina que lo invita a “pasar” en medio de la gente, como Jesús, “curando y haciendo el bien” a todos (cf. Hch 10,38). En efecto, como ya he recordado en otras ocasiones, todo cristiano, en virtud de su bautismo, es un “cristóforo”, es decir, “portador de Cristo” para los hermanos (cf. Catequesis, 30-1-2016). Esto vale especialmente para los que han sido llamados a una vida de especial consagración y también para los sacerdotes, que con generosidad han respondido “aquí estoy, mándame”. Con renovado entusiasmo misionero, están llamados a salir de los recintos sacros del templo, para dejar que la ternura de Dios se desborde en favor de los hombres (cf. Homilía durante la Santa Misa Crismal, 24-3-2016). La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes así: confiados y serenos por haber descubierto el verdadero tesoro, ansiosos de ir a darlo a conocer con alegría a todos (cf. Mt 13,44).
Ciertamente, son muchas las preguntas que se plantean cuando hablamos de la misión cristiana: ¿Qué significa ser misionero del Evangelio? ¿Quién nos da la fuerza y el valor para anunciar? ¿Cuál es la lógica evangélica que inspira la misión? A estos interrogantes podemos responder contemplando tres escenas evangélicas: el comienzo de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,16-30), el camino que él hace, ya resucitado, junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), y por último la parábola de la semilla (cf. Mc 4,26-27).

Jesús es ungido y enviado...

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.

... camina con nosotros...

Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia “liturgia del camino”, que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, “que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).

... y hace germinar la semilla

Jesús hace germinar la semilla. Por último, es importante aprender del Evangelio el estilo del anuncio. Muchas veces sucede que, también con la mejor intención, se acabe cediendo a un cierto afán de poder, al proselitismo o al fanatismo intolerante. Sin embargo, el Evangelio nos invita a rechazar la idolatría del éxito y del poder, la preocupación excesiva por las estructuras, y una cierta ansia que responde más a un espíritu de conquista que de servicio. La semilla del Reino, aunque pequeña, invisible y tal vez insignificante, crece silenciosamente gracias a la obra incesante de Dios: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Esta es nuestra principal confianza: Dios supera nuestras expectativas y nos sorprende con su generosidad, haciendo germinar los frutos de nuestro trabajo más allá de lo que se puede esperar de la eficiencia humana.
Con esta confianza evangélica, nos abrimos a la acción silenciosa del Espíritu, que es el fundamento de la misión. Nunca podrá haber pastoral vocacional, ni misión cristiana, sin la oración asidua y contemplativa. En este sentido, es necesario alimentar la vida cristiana con la escucha de la Palabra de Dios y, sobre todo, cuidar la relación personal con el Señor en la adoración eucarística, “lugar” privilegiado del encuentro con Dios.
Animo con fuerza a vivir esta profunda amistad con el Señor, sobre todo para implorar de Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, también hoy podemos volver a encontrar el ardor del anuncio y proponer, sobre todo a los jóvenes, el seguimiento de Cristo. Ante la sensación generalizada de una fe cansada o reducida a meros “deberes que cumplir”, nuestros jóvenes tienen el deseo de descubrir el atractivo, siempre actual, de la figura de Jesús, de dejarse interrogar y provocar por sus palabras y por sus gestos y, finalmente, de soñar, gracias a él, con una vida plenamente humana, dichosa de gastarse amando.
María Santísima, Madre de nuestro Salvador, tuvo la audacia de abrazar este sueño de Dios, poniendo su juventud y su entusiasmo en sus manos. Que su intercesión nos obtenga su misma apertura de corazón, la disponibilidad para decir nuestro “aquí estoy” a la llamada del Señor y la alegría de ponernos en camino, como ella (cf. Lc 1,39), para anunciarlo al mundo entero.

Francisco
Vaticano, 27 de noviembre de 2016,
Primer Domingo de Adviento



XIV ENCUENTRO MISIONERO DE JÓVENES

 UNA COSA TE FALTA...


El pasado fin de semana tuvo lugar en El Escorial (Madrid) el XIV Encuentro Misionero de Jóvenes, organizado por OMP con el lema “Una Cosa te falta…” (Mc. 10,21).




Unos 150 jóvenes procedentes de todas las diócesis de España se dieron cita en este Encuentro, para compartir experiencias y profundizar en la dimensión misionera de la fe, en un ambiente de escucha oracional y búsqueda, para descubrir el valor y el sentido de la vocación misionera de la Iglesia y así, después del encuentro con Jesús, conocer la misión a la que Dios nos llama y nos envía.


Nuestra diócesis ha participado  por primera vez en este Encuentro  y nuestro representante Luis María,  nos ha traído ideas, reflexiones y proyectos muy enriquecedores.


Ahora nos toca en la Delegación valorar estas experiencias para afrontar los nuevos proyectos a los que como representantes de la Misión estamos llamados, y por supuesto a estar dispuestos para movilizar y movilizarnos.

25 de abril de 2017

VOCACIONES NATIVAS 2017








COMPROMISO CON LAS VOCACIONES

El cuarto domingo de Pascua es el día dedicado a la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Desde hace 54 años, en este domingo “del Buen Pastor” la Iglesia pide con confianza filial al Dueño de la mies que envíe nuevos obreros para anunciar el Evangelio y ser instrumentos de salvación, y le da gracias por las vocaciones que suscita entre los jóvenes. En España, a esta convocatoria se suma la Jornada misionera de Vocaciones Nativas, de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, que añade a aquella petición el compromiso por las vocaciones en los países de misión.

Para la preparación de esta gran Jornada vocacional, trabajan conjuntamente tres organismos eclesiales: la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, encargada de ayudar a las diócesis en la pastoral vocacional; el Área de Pastoral Juvenil Vocacional de CONFER, que colabora con las instituciones religiosas en su empeño por suscitar y acompañar las vocaciones a la vida consagrada; y las Obras Misionales Pontificias, que se ocupan de cooperar con las Iglesias locales de los territorios de misión en el sostenimiento de sus vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.


Al servicio de la Iglesia universal

Lo que da unidad y consistencia a la celebración conjunta de estas dos Jornadas es el carácter universal de cualquier vocación. Una llamada al servicio de la Iglesia no puede circunscribirse a unos límites geográficos e institucionales: cualquier vocación es, por esencia, una invitación a servir a la Iglesia donde ella necesita ser servida. Y es que, en el origen de una vocación, está la acción del Espíritu Santo; no se trata de una iniciativa particular. “Empujados por el Espíritu...”, comienza titulando Francisco su Mensaje para esta ocasión. Es el Espíritu de Dios quien llama y envía personas al servicio del Evangelio en el mundo. Que esta llamada no es un añadido a la fe y a la vida del cristiano, sino que está en su misma entraña, lo ratifica el hecho de que en todas partes están aflorando llamadas de muchos jóvenes a la vida consagrada y al sacerdocio.
Ahora bien: cada llamada vocacional que suscita el Espíritu solo puede ser identificada si hay una correspondencia en la disponibilidad de la persona para contestar: “¡Aquí estoy, envíame!”. Respuesta generosa y de entrega, que también ha de resonar en las instituciones eclesiales que asumen la responsabilidad de enviar estas vocaciones a otros lugares distintos de sus propias demarcaciones. La disposición generosa de los llamados no puede quedar truncada ni empequeñecida por el planteamiento egoísta de atender únicamente los propios ámbitos. Es tiempo para la audacia y el coraje que abren las puertas y empujan a quienes han dicho “sí” a que “vayan, sin miedo, para servir”, como alentaba el Papa en la JMJ de Río.


Ponerse en camino

El Espíritu, a través de Francisco, está invitando a quienes han recibido la vocación y a dichas instituciones eclesiales a ponerse en camino y salir al encuentro de los otros que están en las periferias geográficas y existenciales. Su llamada ha sido para ser enviados a anunciar que Jesús ha resucitado, más allá de las propias fronteras. Él, el Resucitado, camina a su lado y les da la fuerza y la alegría necesarias, dice con claridad el Santo Padre en su Mensaje. Cada vocación a la vida consagrada o al sacerdocio ha vivido la experiencia de un encuentro personal, que va calando en su corazón y que ha configurado su identidad. Es la vitalidad de la semilla que paulatinamente va desarrollándose en el interior de cada persona.
Vemos todo esto con claridad en la vocación de los misioneros, que no se guardan para sí ni para su entorno la Palabra y la salvación que han recibido. Gracias a su labor y generosidad, muchos seminarios y noviciados de los territorios de misión están hoy llenos de jóvenes que, una vez barruntado el amor, han abierto su alma a la llamada. Ayudar a estas vocaciones es una de las finalidades de la Jornada de Vocaciones Nativas.
El compromiso vocacional que anima esta doble Jornada es tarea común de toda la Iglesia: afecta a los pastores y responsables eclesiales; también, a las comunidades cristianas; pero, sobre todo, este compromiso vocacional está en cada cristiano. A cada uno de nosotros se nos pide oración, cercanía e incluso cooperación económica para ayudar en la formación de aquellos que son llamados al sacerdocio o a una especial consagración. El Pueblo de Dios ha de tener conciencia clara de que la Iglesia necesita de hombres y mujeres que entregan con radicalidad su vida al servicio de la misión. Y cuando una vocación aparece, la respuesta ha de ser de gratitud al Señor y compromiso para que aquella no se pierda por falta de recursos humanos, espirituales o materiales.




Anastasio Gil (OMP)
Maricarmen Álvarez (CONFER)
Sergio Requena (CEE)